Belleza diaria

PIEL CON HISTORIA…Cuando el tiempo SÍ perdona

octubre 14, 2015 Uncategorized 0 Comments

Cronoenvejecimiento

3,2,1.. YA!
El paso de los años sobre la piel es uno de los temas más actuales en el campo de la investigación dermatológica y cosmética. Hoy en día, los cosmetólogos se preocupan especialmente por entender los mecanismos del envejecimiento de la piel con el fin de prevenirlo y corregirlo antes de que sea demasiado tarde. Saber para comprender es el espíritu que mueve a los investigadores a profundizar en las diferentes áreas científicas. Actualmente, la cosmetología está inmersa en esta dinámica y basa sus logros en el estudio profundo de la piel y sus mecanismos de funcionamiento. En esta línea de trabajo se marcan las pautas de la cosmética moderna, capaz de responder eficazmente a todas las necesidades estéticas cutáneas. Veamos qué le pasa a la piel cuando se pone en marcha el reloj del envejecimiento: La epidermis forma, junto con la capa córnea, la parte visible de la piel y es la que sufre más directamente las agresiones externas, siendo también susceptible al paso del tiempo. Con los años su capacidad de renovación celular disminuye, la capa córnea pierde su cohesión y capacidad de retención de agua. Por otro lado, la secreción de sebo se vuelve más lenta y la película hidrolipídica se empobrece, por lo que la piel se vuelve más vulnerable. La dermis, es la segunda capa cutánea y se sitúa justo debajo de la epidermis. Aquí es donde se hallan los fibroblastos, células que fabrican todas las macromoléculas que componen la matriz celular:
• Fibras de elastina. Responsables de la elasticidad de la piel.
• Fibras de colágeno. Proporcionan resistencia y cohesión al tejido cutáneo.
• Glicosaminoglicanos. Sustancias responsables de la hidratación de la epidermis.
• Glicoproteínas de estructura. “Pegamento” fisiológico que permite a los fibroblastos permanecer unidos a la matriz extracelular. Esta es la sustancia fundamental en la que se encuentran inmersas las células. Cuando ésta se desequilibra, los fibroblastos no pueden realizar correctamente su función productora de los elementos que la componen.
En el momento que la matriz extracelular se deteriora, se producen las siguientes alteraciones:
• Las fibras de elastina comienzan a acumular lípidos y calcio. Pierden poco a poco su elasticidad, se fragmentan y se desprenden desde la membrana de la unión dermoepidérmica, realizando defectuosamente su función tensora.
• Las fibras de colágeno se endurecen, entrecruzan y apelmazan. Varían su orientación, lo que provoca flacidez y el debilitamiento de la piel.
• El proceso de elastólisis, sistema por el cual las fibras alteradas se eliminan para dejar paso a las nuevas, se altera. De manera que la actividad de las elastasas aumentan de tal forma que no sólo atacan a las fibras defectuosas sino también a las que están en perfecto estado, extendiendo su acción incluso a las fibras de colágeno.
• Los glicosaminoglicanos pierden su poder hidratante.
• Las glicoproteínas dejan de funcionar correctamente como unión entre los fibroblastos y la matriz extracelular.
• La unión dermoepidérmica se aplana, provocando una aumento de la superficie cutánea y una modificación de su microrelieve.
Pero no sólo la piel envejece, también lo hace nuestra estructura facial en diferentes procesos. Nuestra estructura ósea, masa muscular y grasa también tienen mucho que decir sobre nuestro aspecto, pues ellos otorgan al rostro un semblante más o menos joven:
La estructura ósea. Unas prominencias óseas importantes, como unos pómulos altos, unos rebordes orbitarios prominentes, o una mandíbula bien estructurada son algunos de los rasgos físicos que ayudan a que la piel se mantenga tersa y turgente. Por el contrario, estas mismas características invertidas dan como resultado un rostro más envejecido. Cuando se envejece la estructura ósea disminuye, y como consecuencia la piel se despega y cae.
Musculatura. La utilización más o menos agresiva de la musculatura facial es muchas veces la responsable de la aparición de una mayor o menor cantidad de líneas de expresión. Por eso, las personas que más gesticulan son las que suelen arrugarse antes.
La grasa. Los depósitos de grasa facial juegan un papel importantísimo en la estética del rostro, puesto que junto con las prominencias óseas, definen las concavidades y convexidades de la cara, dibujando nuestros rasgos. Los cambios considerables de peso, especialmente si se producen de forma brusca o alternamente (engordarse y adelgazar en poco tiempo) serán los causantes de la alteración permanente de estos depósitos grasos y de la aparición de la flacidez.

ADN celular

Máximo responsable  

La estructura cutánea se rige por unas leyes internas que hacen que todo funcione correctamente. En este sentido, una de las protagonistas clave, directamente implicada en el buen aspecto de la piel es la célula.
Los expertos han estudiado a fondo el funcionamiento de la célula y han advertido que ésta contienen en su núcleo lo que podríamos llamar su cerebro, en el que se almacena todo su patrimonio genético: los cromosomas de la células. Una auténtica enciclopedia cuyos caracteres, agrupados en frases, forman fragmentos de ADN: los genes. Todas las células del organismo siguen las orientaciones de este esquema. El núcleo dirige las actividades y establece el plan de trabajo de cada célula: indica qué debe producir, cuándo y cómo. Concretamente, las células de la piel fabrican proteínas: queratina, elastina, colágeno, etc. Conocido normalmente por sus iniciales, el ADN es el centro del universo celular. La mínima lesión no reparada origina errores en cascada durante la renovación celular. Precisamente, la suma de estas alteraciones a lo largo del tiempo es la principal causa del envejecimiento de la piel. Así es, los primeros signos de la edad serían la expresión de una modificación del ADN y, por lo tanto, los primeros errores cometidos por las células durante su división.Para que todo funcione como es debido, la célula debe producir gran cantidad de energía para trabajar. En sus mitocondrias, queman y transforman impresionantes cantidades de glucosa. Y es en estas microcentrales eléctricas ultrasofisticadas donde se produce el carburante celular, la única forma de energía directamente utilizable por la célula: el ATP (Adenosistrifosfato). Pero, pasados los 40 años, el potencial energético de la células desciende de forma vertiginosa, un deterioro que se ha ido gestando a partir los 25, pues a esta edad la piel muestra ya claros signos de falta de energía y reacciona peor ante la falta de sueño o el estrés. La energía necesaria para enfrentarse a las agresiones y al cansancio resulta deficitaria y su vitalidad disminuye. Como consecuencia, el rostro parece cansado con mayor frecuencia, y ya no se recupera como antes. Llegados a este punto, podríamos decir que la piel comienza a perder parte de su juventud.
Hay arrugas y arrugas
Aunque todas nos preocupan, no todas son iguales. Suelen distinguirse según su origen, proceso de formación y profundidad. Además, unas son consecuencia de la edad y otras de nuestros gestos más emotivos… sea cuál sea el motivo, es mejor mantenerlas a raya. Si estudiamos detenidamente cada una de ellas, veremos que no todas se establecen de igual manera, ni tienen la misma forma, ni profundidad. Al principio, por lo general, aparecen en la superficie de la epidermis y, posteriormente, debido a un lento pero constante proceso degenerativo de los tejidos de las capas más profundas, se instalan definitivamente. En cualquier caso, el proceso de formación de las arrugas parte de una serie de modificaciones o alteraciones bioquímicas, funcionales y anatómicas que se manifiestan en los distintos estratos de la piel. Al disminuir la actividad celular, la actividad de los tejidos se ralentiza y la epidermis se vuelve progresivamente más fina y frágil, dando lugar a la aparición de arrugas. En una piel joven, el entramado de surcos y ramificaciones que recorre la superficie cutánea es fino y regular. Las líneas son pequeñas y están entrecruzadas en todas las direcciones. Pero, poco a poco la relajación del tejido se va haciendo más evidente y las fibras de colágeno y elastina se degradan considerablemente. A esto hay que añadir la acción de agentes externos como el sol o el frío, que modifican su estructura, volviéndolas cada vez más profundas y unidireccionales, y por lo tanto, más visibles.
Conocerlas para vencerlas… cuál es cuál
Las arrugas superficiales a  50 m de profundidad Se originan como resultado de las modificaciones de la epidermis y de la unión dermo-epidérmica. Como sabemos, es en esta última zona donde la epidermis se aprovisiona y donde la dermis se adhiere a la epidermis mediante las fibrillas de colágeno VII producidas por las células dérmicas. Ahora bien, con el paso del tiempo, esta fabricación disminuye, el nivel de hidratación y nutrición de la epidermis decrece, y la dermis se va separando de la epidermis. Son precisamente estos fenómenos los que favorecen la posterior aparición de las líneas de expresión.
Las arrugas profundas entre 100 y 500 m de profundidad. La causa de su origen se debe a la transformación de la dermis. Con el tiempo, la actividad de las células dérmicas decrece y, en especial, fabrican menos vitamina C tan necesaria para la formación de colágeno, y como consecuencia produce menos fibras. La dermis pierde densidad y elasticidad, se relaja y aparece la flacidez cutánea y arrugas profundas sobre la piel.
Las arrugas de expresión a más de 500 m de profundidad. En un primer momento se hacen visibles solamente con los gestos y expresiones; pero poco a poco, con las repetidas contracciones de los músculos de la piel se van asentando cada vez más. Los músculos, adheridos a la dermis mediante la unión dermo-muscular, están sometidos a un continuo movimiento que hace que esta estructura intradérmica se altere progresivamente, provocando que con el tiempo ésta se vuelva rígida y se pliegue. Finalmente estos pliegues, de más de 500 m de profundidad, se transforman exteriormente en las llamadas arrugas de expresión.


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