Belleza diaria

La dieta que de verdad funciona. Y no es la que esperas…

octubre 17, 2015 Uncategorized 0 Comments

No tienes que cambiar tus hábitos alimenticios sino tu comportamiento respecto a la vida. Olvídate de los estreses y agobios de las dietas estrictas y aprende a adelgazar.

Parece claro que la única forma para estar sano, a pesar del tiempo, es tener unos hábitos de vida saludables, aunque actualmente parezca complicado, por el elevado ritmo de vida al que estamos expuestos en nuestro día a día. Esta presión es, precisamente, una de las mayores complicaciones con las que se topa nuestra dieta. El psicólogo Hendrie Weisinger indica en Psychology Todayque durante 25 años ha investigado sobre lo que él llama la dieta sin presión.

Esta curiosa dieta en realidad no funciona como tal, puesto que no cambiamos nuestros hábitos alimenticios, sino que está relacionada con nuestro comportamiento respecto a la vida, evitando las sensaciones de estrés y agobio en el transcurso de nuestros días, dejando a un lado rígidas dietas que no nos favorecen en nada. Es cierto que en muchas ocasiones nos será imposible evitar la presión, puesto que ante determinadas situaciones lo más normal es sentir agobio, como cuando nos topamos frente a un momento de notable relevancia para nuestro futuro: una entrevista de trabajo, una importante reunión, etc.

La tensión es el enemigo

Existen herramientas para que consigamos rebajar la tensión en este tipo de tesituras. Sin embargo, tampoco hay que considerarlas un problema, al fin y al cabo lo más normal es pasar es pasar por este tipo de situaciones de vez en cuando. El verdadero conflicto llega cuando la presión o tensión no llega por un momento en particular, sino que esta nos acompaña de forma continua o constante. Además de los propios riesgos del estrés, esta molesta sensación puede tener enormes consecuencias negativas en nuestra alimentación, al utilizar la comida como vía de escape y atiborrarnos de todo tipo de alimentos a todas horas.

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Es cuando, llegado este punto, debemos plantearnos nuestros hábitos, ya que a menudo confundimos los deseos con las necesidades naturales, tal y como apunta Weisinger. Es cierto que esta perspectiva no siempre ha sido así, ya que en épocas primitivas los deseos de los primeros seres humanos eran idénticos a sus necesidades, puesto que de estos dependía su supervivencia. En cambio, los grandes avances que ha vivido nuestra sociedad ha provocado el desacoplamiento de estos dos términos.

Necesidad contra deseo

Por estos motivos, en muchas ocasiones nos obsesionamos con la compra de un nuevo coche más caro o una casa más grande, cuando en realidad nuestro vehículo funciona a la perfección y seremos igual de felices en la nueva vivienda que en la que vivimos actualmente. Estos deseos generan una presión extra que, a la postre, provoca que tengamos un mayor estrés, ya que se termina convirtiendo ese deseo en una necesidad que ansiamos alcanzar con todas nuestras fuerzas. Está claro que si nuestro coche está viejo y funciona mal, tendremos que comprar uno nuevo, pero quizá no sea necesario tener que adquirir uno de alta gama que nos cueste medio riñón y un ojo de la cara.

Al final el nivel de exigencia que nos marcamos es a veces tan alto que no solo nos acaba por volver locos, sino que encima es absolutamente inaccesible. Si somos capaces de marcar una línea entre lo que es para nosotros una necesidad, de lo que tan solo es un deseo, evitaremos buena parte de nuestros agobios y, posiblemente, seamos mucho más felices en nuestra vida. Al fin y al cabo, no debemos olvidar que tal y como cantan los Rolling Stones: “No siempre puedes conseguir lo que quieres, pero si lo intentas puedes acabar consiguiendo lo que necesitas”.



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